jueves, 4 de abril de 2013

Argentina es un campo minado

Uno tiene la sensación, corrigo, la seguridad de que vivir en Argentina es atravesar, todos los días, un campo minado. Uno tiene la extraña percepción de que algo, cualquier cosa, por más absurda que parezca, puede ocurrir. Uno no sabe cuándo, ni dónde, ni cómo la vida puede perderse, tus cosas destruirse, tus afectos verlos irse. Todo es imprevisión, improvisación, impunidad, intolerancia. Bueno, no todo es así ni todos somos así, perdonen, me dejé llevar por la tristeza.
Y cuando hablo de la sensación de tener una bomba de tiempo bajo los pies  no me refiero a delitos tan complejos como la trata de blanca o el narcotráfico, hago referencia a cosas tan simples y pelotudas como llegar a tu trabajo, a tu escuela, a tu casa. Encontrar un servicio público de pasajeros (colectivo-tren-barco-avión-globo aerostático) que funcione correctamente, que llegue a horario, que no te de el miedito de que en cualquier momento te deja varado en el medio de la nada porque se quedó sin frenos o revienta el motor, es milagroso. 
Si en ese mismo trayecto no te topás con un tránsito egoísta, peleador, asesino, que no tiene escrúpulos a la hora de cruzar un semáforo en rojo, ir a velocidades excesivas, en vehículos destartalados, circulando a contramano, sin papeles y con "cero" respeto por las normas de convivencia, será otro milagro.
Disfrutar de un parque sin tener la obligación de revisar cada juego que haya por temor al mal funcionamiento o que se te caiga una hamaca, o ir a un recital o a un cine y pedir por las puertas de emergencia o rogar que el techo no se te venga encima porque sabemos que no hay un puto control del Estado o, peor aún, el que hay es inversamente proporcional al tamaño del "sobre" empresarial.
Hacer una denuncia policial es un arma de doble filo, no sabés si terminás preso por "incitar a la violación por caminar con jeans ajustados" o con un par de tiros en la puerta de tu casa si al que estás denunciando es un "amigo y/colaborador" de la fuerza.
Cuando hablamos de inseguridad en el país, yo no me refiero exclusivamente al robo, al asesinato y todos los etcéteras posibles, quiero hablar de la necesidad de estar todo el tiempo en ESTADO DE  ALERTA... revisar la fecha de vencimiento de los alimentos, los repuestos que te coloca el mecánico, el medicamento que le suministra el médico a tu mamá, el pronóstico del tiempo para saber si volvés caminando o en un gomón, si cerraste todas las ventanas, si la puerta tiene llave doble, y siguen las firmas. 
Alguien imaginó, con una mano en el corazón, que se pudiesen suceder los Cromagnon, las AMIA, los muertos en los trenes, las lluvias asesinas, la tragedia del colectivo de ECOS??? La respuesta es SI!!! Lo que pasa es que ninguno de nosotros lo quisimos ni lo queremos ver. 
Todas estas desgracias no sólo pueden repetirse sino que van a reitarse por la idiosincracia a la que nos acostumbramos.
Uno tiene la sensación de que antes era más sencillo, tu vieja te recomendaba cambiarte el calzoncillo, revisar que las medias no tengan agujeros y llevar siempre un pañuelo.
Qué pasó en el medio??? No lo sé, será que crecimos, que perfeccionamos el "no te metás" o el "me chupa todo un huevo", la cuestión es que vivir con seguridad implica, no sólo dejar de elegir funcionarios ineptos o hacerlos responsables de sus acciones impunes, sino volver a plantearse un nuevo CONTRATO SOCIAL.
Un pacto de caballeros/damas, una nueva constitución personal, donde haya responsabilidades sociales compartidas y de esa manera poder descansar en los hombros de ciudadanos comprometidos con el OTRO. 
Que el OTRO deje de ser un chivo expiatorio donde cargamos todo lo malo, la culpa propia y la ajena, y pase a ser alguien con nombre y apellido, un sujeto en quien confiar.
Dejemos de jugar a la ruleta rusa con nuestra vida.
Al gran pueblo argentino...SALUD!!!