jueves, 21 de octubre de 2010

La lealtad de Cleto Cobos.

Algo mágico debe tener Julio César Cleto Cobos, algún rasgo tan fuerte y místico debe esconderse detrás de esa cara de nada, de no positivo.
Sino no se entiende cómo llegó a la vicepresidencia siendo radical, transversal y ex-mandamás mendocino con un cero en oratoria y discurso de barricada.
Cuál será el poder oculto, que el común de la gente no observa y que convenció a Néstor Kirchner de bendecirlo como vice de su esposa.
Porque, convengamos algo, Néstor podrá quedarse con cosas que no le pertenecen, podrá carecer de explicaciones creíbles sobre su patrimonio, podrá ser déspota y autoritario pero lo único seguro es que no es ningún tonto. Y Cobos lo hizo, lo hace quedar como un pelotudo ante cada votación que lo tenga como protagonista.
Estoy seguro de que el pingüino se arrenpentirá de aquí a la eternidad de aquella decisión. Seguirá manejando el poder desde las sombras pero siempre deberá agachar la cabeza ante la reprimenda de la presidenta cuando en la intimidad le diga, ¡Néstor, qué pelotudo sos!.
Un insulto doloroso, cruel, sádico, inobjetable. Un político está preparado para soportar adjetivos calificativos del tamaño de "chorro", "corrupto", "delincuente", "hijo de puta" y hasta diría que los necesita para sentirse vivo pero no para bancarse el despectivo mote de "pelotudo".
Volviendo a don Cleto, qué difícil tarea tiene la de ser y no ser. No cualquiera ocupa un lugar tan ingrato en política (como en la vida) como el de Judas.
En su defensa aclaro que desde aquella votación por la 125 me vengo preguntando qué hubiese hecho en su lugar y confieso que no tengo una respuesta clara pero nunca un "no positivo".
Hubiese elegido estirar la negociación, luchar un poco más, morir con las botas puestas pero no rendirme a la comodidad del "quedar bien".
Porque traicionar para quedar bien te garantiza el halago fácil pero te asegura la desconfianza permanente. Aún aquellos que lo vitorean, lo aplauden y lo miman, en el fondo del corazón y a la hora del razonamiento silencioso les cuesta confiar en él. Porque no saben hacia dónde saldrá disparado cuando la realidad lo apriete un poquito. Usted se animaría a cederle la espalda en custodia a un Cleto Cobos? Mmmmm... por lo menos lo duda.
Pero como la política es una fuente inagotable de traiciones que se amparan en el bien común no puede sorprendernos nada.
Hay una frase en política que lo sintetiza a la perfección:
"Alguien que deja mi partido para inscribirse en otro es un TRAIDOR. Un traidor que dejó su partido para volver al mío es un CONVERTIDO".
Y ya que estoy tan "parafrasero" me despido con la frase del homónimo emperador romano Julio César "Amo la traición pero odio al traidor".
Entre Julios Césares se entenderán.

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