lunes, 2 de agosto de 2010

El dulce encanto de estar siempre en el lugar equivocado.

Confieso que no sé por qué lo hago ni cómo llego siempre al mismo lugar, pero tengo una atracción inmanejable para estar, constantemente, en el sitio equivocado, aquel en que no quiero estar.
Es increíble, ensayé explicaciones varias, miedo al cambio, a perder mi pequeña porción burguesa, dejarse llevar, cansancio, hastío, etc. Soy Nemo, un pez arrastrado en las corrientes del salvaje océano humano. Voy dónde me lleven, no pienso, simplemente dicen dónde ir y allí estoy.
Me mudé a una casa que detesto, por lo lejos que está de la civilización, pensando en que un poco de tierra y verde césped me harían un tipo más tranquilo, que el aire que respiraría rozaría la paz, una pintura típica de las revista Despertad de los mormones donde vería a mis hijos correteando por ahí y diciendo "esto es el paraíso". Pero las canillas, cañerías, pisos y demás ñañas de construcción precaria y coimera me volvieron a la realidad de una cachetada al bolsillo, más que cachetada un afano. Un bajón se apoderó de mi cara y la pregunta "¿qué hago acá?" revoloteando mi mente. Y algunos creen que pagar menos alquiler es bueno!
Trabajo hace casi veinte años en un lugar lleno de cálculos y estrategias para pagar menos impuestos y que los ricos sean más garcas, veinte años de los que me quedan más arrugas, kilos de sertal compuesto en mi cuerpo y angustias al por mayor, veinte años que nadie te agradece y que refuerzan el "¿qué hago acá?". Y algunos creen que veinte años no es nada!
Políticamente correcto para un tipo apolítico significa participar de cumpleaños, fiestas, reuniones y eventos con personas que poco y nada tienen en común con uno, que no elegiría para ser mis amigos y menos para compartir una cerveza. Pero hay que quedar bien!
La "cara de póker" es mi estrategia favorita y que despliego a diestra y siniestra para sobrevivir a las "caras de culo" que amenazan y me seducen con una habilidad que mi resistencia se entrega casi sin luchar a fruncir el ceño. Y se quejan que tengo malhumor!
Manejo un auto que de a ratos se niega a arrancar en medio de una catarata de asesinos y suicidas del volante que respetan la vida ajena como si fuera un papel de caramelos. Por momentos, mirando el espejo me veo transfigurado, no me reconozco, entre tanto insulto, puteada, frenos desmedidos y presión en ascenso. Qué feliz que me siento caminando!
Estoy lleno de tecnología (relojes, celulares, despertadores) que me sirve sólo para llegar a tiempo donde no quisiera llegar nunca. Y siempre llego tarde! Paso la mitad del día "en camino a", mucho más tiempo yendo que estando.
Me desespero por trabajar para tener tiempo de hacer lo que deseo pero me parece que el deseo se niega a tenerlo conmigo. Por H, por B, por X o por todo el abecedario me quedo con ganas de rascarme el higo como se debe, de ver el estreno del mes, de jugar un partido en la play de los chicos, de hacer radio, de ir al teatro, de ser yo.
Pensándolo un poco y sólo a modo de excusa facilista creo que los planetas no se alinearon, que la responsabilidad se ensañó conmigo y que el miedo de ver a mis hijos navegar en la necesidad que me atravesó en la infacia y adolescencia me hacen un tipo limitado, dejé de correr los riesgos que me daban la adrenalina necesaria para sentirme vivo.
Convivir con la pobreza potenció mi lado pragmático, una lástima que lastima.
¿Por qué llegué hasta acá escribiendo? No sé, como siempre.

2 comentarios:

ALEJANDRA Y HUGO dijo...

gracias. ahora se que no estamos solos. bienvenido al club de los "des-ubicados". no hay duda que algunos nacimos con la punteria para estar en el lugar equivocado.- ale y hugo

Cristian Sperati dijo...

Bueníchimo!! formemos un equipo terapéutico de autoayuda (seguramente llegaremos cuando la ayuda no haga falta).
Salutes, gracias por comentar.