martes, 29 de diciembre de 2009

Santa Mónica sin fama.

Es una pena que no estén en los libros de historia, aunque más no sea en algún apéndice de los mismos o en un pequeño capítulo dedicado a estos "próceres" diarios y anónimos. Merecen ser estudiados, comprendidos y analizados aunque no hayan invadido, conquistado o cruzado montañas.
Han cambiado historias, han resucitado "muertos en vida", han construido hombres y por sobre todo, han dado oportunidades a quienes nunca se los tuvo en cuenta.
Lamento, excesivamente, que una avenida importante no lleve su nombre y sí la tengan los Presidente Roca o Martínez de Hoz.
Lamento que Mónica Carranza, NN, sin doble apellido, ni linaje, ni herencias, ni realitys shows cerca, se haya ido sin más, sin haber podido cumplir con su deseo más importante, inaugurar su casa para chicos y grandes con hambre.
Luchó contra la pobreza donde no llegaron los almuerzos de Mirtha ni los sueños de Tinelli, se hizo amiga, hermana y madre de ese dolor. El "Sheraton" que Susana le regaló al padrecito empomador de Grassi debió ser para ella.
Hizo lo que yo siempre deseo y proclamo pero que nunca hago porque todos queremos ser Ricardo Fort nunca limpiar los mocos de miles de carasucias.
Si hay merecimientos para seguir vivo, ella quizás merecía más.
Como una mueca de la vida murió el mismo día en que Carlos I de Anillaco anunciaba su deseo de competir por el Sillón de Rivadavia completando la tríada jurásica ex-presidencial de Kirchner-Duhalde-Carlos.
Me gustaría que en los establecimientos educativos se ocupen un poquito más de estos héroes anónimos, pecadores, mínimos. Sólo el que sintió hambre alguna vez sabe lo que significa un pedazo de pan, algo de leche caliente y un poco de atención.
Ahí no llegan ni Superman, ni Spiderman, ni la Mujer Maravilla, ahí estaba Mónica Carranza. Santa Mónica sin fama.

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