martes, 10 de marzo de 2009

Todos NO somos pescadores.

Estoy confundido.
Hace nada más que un año aplaudíamos a rabiar la lucha por la justicia social de los humildes trabajadores del campo que implicaron un corte de rutas por 30 días, desabesticimiento general, inflación de precios y todos los trastornos de movilidad que acarreaba.
Si mal no recuerdo, todos portábamos con orgullo el cartel "Todos somos el Campo".
Si la memoria no me falla, una inmensa mayoría de la población estaba de acuerdo con bloquear los caminos y seguir hasta las últimas consecuencias este reclamo.
Qué pasó en menos de un año? Qué cambió?
Al parecer, muchas cosas cambiaron, los que antes reclamaban eran nuestros queridos gringos campechanos que le dan de comer con su sacrificado esfuerzo a toda la Argentina vaga, ahora son los negros de mierda que viven de esos gauchos y se pasan todo el día chupando arriba de un barquito de papel madera mientras cuidan un reel, un medio mundo o una línea para pesca.
Antes, los que rodeaban la Casa de Gobierno eran hombres de pura cepa subidos a sus caballos de acero de nombres tan extranjeros como Hilux, Ranger, Dodge Ram, etc., ahora, los que están en la fuente de la cordialidad o "sapito" son energúmenos iletrados montados a corceles de 2 caballos de fuerza (el dueño de la embarcación y su acompañante).
Antes, los que arengaban y pedían a gritos de cacerolas llenas "nosotros o ellos" eran gentes de buen nombre, madrugadores de manos curtidas en el aire acondicionado de un Massey Fergusson con piloto automático, ahora, son los marginales que no madrugan sino que pasan de largo toda la noche gracias a la ayuda extra que les da la cerveza y el vino en tetra.
Antes, los que agitaban la rebelión fiscal eran los patricios que merecen todos los privilegios porque aportan más, ahora, son un grupo de inadaptados sociales queriendo usurpar esos privilegios para rascarse las bolas mientras el país trabaja.
Ayer, los medios hablaban de la fuerza del pedido, de la importancia de reclamar y hacer oír el enojo popular, hoy, todos los medios acusan de violentos a los que cortan y proclaman la muerte del corte de ruta como forma de expresión.
Ayer, los jueces, los policías, la gendarmería hacía la vista gorda al pedido de desalojo de rutas, hoy, en pocas horas, se ordena limpiar los caminos por la fuerza pública, de ser necesario.
Antes, eran "los buenos", ahora son "los malos".
El corte de ruta como forma de protesta cansa, agota, altera los nervios y hace perder de vista el objetivo mismo, pero hay algo que en Argentina es claro:
"La legitimidad de la protesta depende de quién la realiza".
Si un ciudadano de algún barrio humilde pide más seguridad es gatillo fácil, si lo pide Susana Giménez es justicia y defensa propia. Si "Juan Perez", drogado y en pedo, arrolla a una persona, es un asesino al volante, si es el fashion Gaby Álvarez, es un accidente.
Es claro, es doloroso, es verdad.
La sequía secó los campos y hubo emergencia agropecuaria pero, paradójicamente, no secó los ríos, al contrario, los inundó según Bertero.
La agricultura y la ganadería está exenta del Impuesto sobre los Ingresos Brutos, aunque vendan productos a valor dólar, mientras el comercio paga 3,5% con precios en pesos y con el agravante de una recesión en curso. Los inmuebles rurales pagan valores irrisorios en Impuesto Inmobiliario cuando las tierras cotizan en cifras exorbitantes, mientras los simples empleados de comercio o servicios pagamos fortunas en alquileres, impuestos, servicios y expensas.
La pregunta es: ¿Hay beneficios para algunos y para otros nada?
En una ciudad rodeada de ríos donde casi todos aprendimos a nadar, por deseo o a la fuerza, por las constantes inundaciones, es increíble que tomemos ese reclamo como "desmedido".
Repito, los cortes de calles o de rutas son inaceptables, pero para todos, no para unos sí y para otros no.
La "tata" siempre decía: "No escupas al cielo porque el gargajo te caerá en la frente".
Así estamos, limpiándonos el moco.

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