jueves, 12 de febrero de 2009

Tartagales por todos lados.

La historia no se repite, continúa.
Distintos lugares, diferentes personas, otro medio ambiente, miles de kilómetros de distancia pero las mismas causas.
El agua y el barro de Tartagal y el agua y la mugre del Río Salado en Santa Fe.
Cuando los astros no están alineados, cuando dios no desea aplacar un castigo tan divino como merecido, cuando la montaña decide venir por Mahoma, no podemos hacer nada. Pero cuando los políticos deciden no cumplir con su función o la desempeñan mal, cuando existe connivencia con empresarios ávidos de dineros rápidos y fáciles que no tienen empacho en destruir flora y fauna autóctona y, sobre todo, se dejan de lado los controles o hacen "la vista gorda", termina en alguna catátrofe, intencionalmente llamada, "natural".
Es natural tener catástrofes con la dirigencia que elegimos, nacidos y criados en nuestras propias miserias y banalidades.
Allá, los desmontes y obras de canalización inconclusas, aquí defensas que nunca se terminaron. Allá, gobernador reelecto, siempre aliado al poder central nacional de turno y con extraños negocios con empresas forestales, aquí, casi parecido, pero con empresas de la construcción (Gualtieri-Duhalde). Allá, todos los dirigentes se lavan las manos responsabilizando a la Pachamama, aquí, también. Allá, prometen que será la última vez y todos los damnificados serán compensados, aquí, también. Allá, "amigos de lo ajeno" aprovecharon la confusión y el desconcierto de la población para quitarles las pocas cosas que rescataron, aquí, también.
En fin, más de lo mismo. Nos queda pasar el duelo, barajar y dar de nuevo, volver a empezar. Y aprender a votar y pedir que los dirigentes rindan cuenta de sus actos y omisiones, que no es poca cosa.
La naturaleza, a veces, es incontrolable, nosotros... también.

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