jueves, 26 de febrero de 2009

Ese enano maldito. Por dónde andarás?

Cristian Martín López tenía 35 años y 1,50 de hijoputez. Ni tan bueno ni tan malo, como todos. No tengo autoridad para juzgarlo y renuncio a la dictadura de nombrarlo santo después de muerto.
Un verdadero enano maldito que lo que le faltaba de altura le sobraba de atorrante. Acostumbrado a ser la atracción de cualquier lugar, a tomar la bandera de cuanta joda se arme, a ser el centro de las miradas y principal sospechoso de todo quilombo al que se encuentre cerca.
En este colectivo imaginario que es la vida, donde algunos se bajan antes, otros suben después y todos llegamos a la misma parada (supongo), compartimos los mejores momentos de la adolescencia, una secundaria bárbara y el amor por las tablas.
Era un gran actor aunque siempre haya renegado de esto, discutí con él por eso. Decía que no se sentía cómodo, que el escenario no era su vida, pero, sin dudarlo, su vida era un permanente escenario. No lo notó o no lo quiso hacer evidente. Una pena.
Odiaba ensayar, se aburría de la repetición, se mofaba de los horarios y huía de las responsabilidades. Así era en esa época y, por el decir popular, mucho no había cambiado. Seguramente quedarán astericos en su vida que referirán a eternas noches, mujeres varias y variadas y el vino amigo.
Un tipo del que te enojabas seguido pero no podías pelearte, su mirada maquiavélica y sonrisa socarrona lo redimía de cualquier pecado. Qué pedazo de turro! Si lo habremos puteado!
Muchos pensarán que quiso escapar de la responsabilidad que la vida te carga, grueso error, ahora tendrá más laburo que antes porque deberá ser el aire que sus pequeños hijos respiren, el árbol que los proteja de las tempestades y el sol que les dé el calor que necesiten para seguir sin él. También será la memoria emotiva a la que su mujer tendrá que recurrir para dar respuestas complejas a preguntas lógicas y simples. Dónde está papá?
Que el tiempo cicatrice el dolor de sus padres que no entienden por qué la ley de la naturaleza se quebró con ellos. Él debía seguir, no ellos. El único que puede hablar en estos momentos es el silencio.
El último sorbo de esta cerveza fría será para vos, querido rata. Sin ofensas, ese mote era por el cariño que despertaba, por su imagen comprimida y su astucia para escapar de todo.
Cuando ves en las fotos más ausencias que presencias es el tiempo pasado que te pega en el mentón, es la edad, son los años que se vinieron encima.
Los RAFT, ese grupo de mal-humor humorístico de la adolescencia noventosa, en algún momento se volverá a juntar. Él ya nos está esperando mientras nosotros la seguimos peleando.
¡Salud, enano maldito! Ale, flaco, tincho y el productor (¿de cagadas?) Gustavo.

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