martes, 2 de diciembre de 2008

De Dieguitos y Romanes.

Feliz y sereno. Esas sensaciones me invaden y dominan.
Ver a un impresentable/anti-jet set/tipo común de Diego Capusotto levantar la estatuilla de los premios Clarín como la figura del año 2008 del espectáculo me llenó de tranquilidad.
Recuerdo cuando a finales del siglo pasado entre los años 1999 y 2002 (leíste bien, siglo pasado) devoraba Todo x 2 pesos admirando a esos locos despeinados de Diego y Alberti mientras peleaba a muerte con mi familia por el control remoto, ellos por Tinelli y yo por estos "descerebrados" que hacían un humor absurdo pero menos absurdo que la vida misma.
Casi 10 años después lo aplauden de pie, a un tipo sencillo, de familia, de barrio, de amigos, sin siliconas, sin extensiones, sin photoshop, sin castings de camas, sin Riales, sin Sofovichs, sin gatos de cuarta. Como uno, feo y desaliñado.
Feliz y sereno por dos. Es cierto que Román incita al desorden, a la violencia, pero sólo cuando lo ves jugar con el freno de mano puesto. Verlo gritar el gol, corriendo hacia la platea, señalando a un Don Nadie y espetándole un "gritalo ahora, gritalo", no hizo más que demostrar que Román tiene sangre y que las venas no son una serpentina de freezer.
Reivindico esa actitud, la revancha. Si por pagarte tienen El Derecho de putearte, basurearte, mofarse de vos, también tenés la obligación de aceptar la respuesta, la contra ofensiva. Es cosa de hombres, no de machos, de hombres de bien. Si yo puteo, tú puteas, él putea, nosotros puteamos, vosotros puteais y ellos putean. Lengua de primer año.
Si TU jefe tiene derecho a presionar, a exigir a insultar porque te paga, vos tenés el derecho de gritarle en la cara "Tomá, es para vos", cuando hacés más de lo que te piden.
Hay algo de cierto, Román con ese festejo incitó a la violencia, debió haberse dedicado a blanquear dineros de negocios sucios o cortar rutas desabasteciendo el país o ser un sindicalista eternizado en el poder que aprieta a gente común o un cura abusador de pendejos hambrientos o venderle efedrina a un cártel mexicano. Así no ofendía a nadie.
Actitudes de dieguitos y romanes, un aire fresco al humo diario que venden los diarios.

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