lunes, 22 de diciembre de 2008

Cuelgo mis sueños. My dream is over.

Se van cerrando etapas, aunque tratándose de la vida, no se puede saber cuándo realmente ocurren.
Son procesos donde te vas mentalizando a dejar cosas, donde perdés el sabor a lo que adorás, donde no te quedan fuerzas para golpear puertas, donde todos te parecen la misma mierda, donde la realidad clausuró la entrada a los sueños.
Decidí colgar mis sueños de vivir de lo que amo, el teatro. Decidí colgar el traje que uso para animar fiestas, decidí entregar ese micrófono que cuidé como oro a mi hija para que se divierta con los karaokes.
A partir de ahora mis disfraces, mis caretas y mis zapatos formarán parte de los juguetes de mis hijos. A partir de ahora mis guiones, mis grabaciones, mis ideas y mis personajes quedarán como archivos comprimidos del dísco rígido de la pc y de mi cerebro.
Desde los 15 años, (ya pasaron 19, lo parió!!!) cuando descubrí que el teatro era la llave que me permitía sobrevivir al hambre, a la soledad y al quilombo de la adolescencia, puse todas mis ilusiones en ese objetivo, vivir de lo que amo.
En este proceso laburé para todos y de todos aprendí algo, qué NO hacer. Me puse la camiseta y trabajé como un esclavo y siempre con la misma paga: "gracias, muy bueno lo tuyo, pero si no traés plata no hay lugar fijo". (Leandro Miller, ex-conductor de LT9, dixit).
Ver que los más hijos de puta, a los que no se les cae una idea cuando lo das vuelta y a los mediocres de siempre ocupan lugares por tener banca o saber cómo y a quién venderle el alma, me asqueó. Es claro, la culpa es mía, pero no pude vencer una premisa pelotuda que me acomplejó siempre: privilegio el trabajo (y la calidad) de un producto a vender, vender y vender. Grosero error que me costó sangre, sudor y lágrimas.
Durante estos años tuve muchas propuestas, incluso para el año que se viene pero ninguna valora el esfuerzo.
Seguramente no soy tan bueno como creo, quizás mi autoestima, por lo menos en esto, es muy elevada. Como decía el Indio Solari, "siempre fui menos que mi reputación".
Por suerte, disfruté de todo lo que hice, no del contexto pero sí del mundo imaginario al que la actuación me transportara, donde los personajes y los guiones me hacían sentir como pez en el agua. Evidentemente no superé la niñez o, al menos, quisiera quedarme siempre en ella.
Tomar esta decisión me llena de dolor. Mucho y constante. Llevará tiempo, algo de terapia y mucho de contener la rabia y la bronca que la impotencia de no estar sobre un escenario me genere.
Pero siento que dejaré de sufrir, de padecer y de relacionarme con este ambiente de mierda.
Despuntaré el vicio cuando mis hijos necesiten un Papá Noel, un Barney en los cumples, un San Martín o un Belgrano en sus escuelas. Si ellos así lo desean. Me aprovecharé de la situación hasta que crezcan y me conozcan.
Gracias a los que me han entendido en mi locura, a los que quisieron y aguantaron mis personajes, a los que saben que no tengo cura.
Gracias a los amigos que nunca boicotearon mis sueños y, peor para ellos, alentaron este fuego interno.
Gracias a mi familia y perdón por lo que tendrán que soportar a partir de esta decisión. Sé que es una adicción que no sé cómo manejar y que me provocará crisis en mi humor, que me llevará del amor al odio, de la risa al llanto, del goce al dolor en cuestión de segundos. Ellos pagarán los platos rotos. (para ser sincero, ya los vienen pagando).
Estoy enfermo. Es bueno reconocer la enfermedad para empezar a tratarla.
La actuación para mí es como la droga, nunca dejás de ser un adicto, siempre seré un ACTOR EN RECUPERACIÓN.
Bienvenido al mundo real, Cristian Sperati!! Your dream is over!!

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