miércoles, 19 de noviembre de 2008

Todos contra mí (Juan Perugia).

Casi una fórmula matemática, si Todos contra Juan es Gastón Pauls y Gastón Pauls es Juan Perugia, Juan Perugia es un actor decadente, Juan Perugia soy yo (o fui???). Ojo, yo no me parezco a Gastón Pauls, salvo en el poco pelo que me queda.
Confieso cierta predilección por los programas "extraños", esos que quedan fuera del podio del rating, esos que alguno llama equivocadamente "de culto" pero que en realidad nadie ve. Así me pasó con Cha Cha Cha, con Todo x 2 pesos, con Peter Capusotto, con otros que ni recuerdo y, últimamente, con Todos contra Juan. Será que voy a contramano o padezco de morbo televisivo, no lo sé. Me atrae el fracaso, quizás?
Es normal cagarme de risa por situaciones que se producen en esos programas mientras el resto de la familia me mira frunciendo el ceño como diciendo "¿estás bien? ¿de qué te reís?. Es normal para mí que no soy tan normal.
Pero la historia de Juan me hizo revivir momentos que tenía escondidos, ocultos por vergüenza. Para los que no conocen la historia, Juan Perugia, bien interpretado por Gastón Pauls, es un actor al que se le pasó su cuarto de hora de fama y que busca volver a ser alguien reconocido. Vive en un mundo inventado por él lleno de amigos famosos imaginarios y con una convicción a prueba de balas.
Cuando salí de la adolescencia era así. Hacía teatro con amigos, había gente que reconocía ese laburo, le gustaba y tenía un séquito de locos que, quizás por la edad, nos seguía y alentaba en las cosas que mostrábamos.
En ese tiempo soñaba con vivir de eso, soñaba en comprarme un auto, viajar, conocer lugares, teatros del país y demostrarle a mi vieja y a los que nos criticaban por vivir "en una nube de pedos" que podíamos ser alguien haciendo lo que nos gustase, con trabajo, con esfuerzo y dedicación. La vida pasó y me dí cuenta de que era verdad, vivía en una realidad virtual pero tenía sueños y creía, me reía. No era poca cosa.
Teníamos mística, la mística de sentirnos los mejores haciendo lo que hacíamos. Esa creencia que te da la impunidad de la ilusión, el no temerle al ridículo. Sólo faltaba que el medio nos reconozca, nos de una oportunidad de demostrar lo que podíamos hacer. Nada de esto ocurrió.
Bajó el telón, se callaron los pocos aplausos, se cambiaron sonrisas por muecas, los años y las responsabilidades superaron a las ilusiones. Los amagues por volver quedaron en eso, sólo amagues.
Estaba claro, no éramos tan buenos pero éramos felices, algo que no es fácil de encontrar. Confíabamos en nosotros mismos, como Juan Perugia, no estaban Todos contra Nosotros, sino que Nosotros íbamos en contra de Todo.
Esos recuerdos me roban sonrisas, me humedecen los ojos, me hace humano. Qué mal debo estar. Destilo nostalgia.
Ya está, fue lindo mientras duró y QUÉ BELLO HA SIDO INTENTARLO.
A los amigos que compartieron esos sueños, con afecto y cariño.

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