lunes, 6 de octubre de 2008

Rehén de mi libertad

La libertad, como muchas de las cosas que se nos hace costumbre, es un valor preciado cuando no se tiene, cuando se pierde. Como el agua, como el aire, como las piernas, como la comida, son cosas que adquieren real dimensión cuando se nos niegan.
A partir de eso, libertad tiene un concepto amplio y relativo a cada uno, podría definirla básica y pobremente como la facultad que tenemos de hacer o no hacer algo según nuestra razón y entendimiento, pero eso es incompleto. Qué nos diferencia de los niños, de los vegetales y de los animales, la responsabilidad de esos actos u omisiones, el hacernos responsables de lo que decidimos.
Y aquí me veo, prisionero. Cómo se entiende que en un mundo modelo siglo 21, con todos los adelantos científicos que me permiten acceder a una vida más larga o más placentera, con las distancias que se acortan, con el mundo al alcance de un click, no puedo hacer lo que quiero.
Soy esclavo de las libertades ajenas, que deciden sobre uno como si no estuviéramos. Nadie niega la protesta, justa, necesaria, reivindicatoria, pero que no vale más que nuestra libertad de decidir.
Ahí vemos al transporte público de pasajeros, cada vez menos público, que nos dificulta el diario trajín, dejándonos librados a la buena de dios, a cualquier hora y en cualquier lugar, ejerciendo "su" libertad pero sin avisar con tiempo, o sea sin hacerse responsable de sus actos.
Pero también están los empleados de IAPOS, ejerciendo libremente su derecho de asamblea, pero pasando por arriba los derechos de sus afiliados que esperaron 3 horas afuera sin avisarles con tiempo.
La Libertad implica poder elegir, cuando no lo podemos hacer somos esclavos de una determinación. Por eso podemos incluir a los hombres de campo que cortaron rutas y frenaron la economía y al gobierno nacional que honra con una limosna llamada jubilación el esfuerzo de los años trabajados.
Y más allá están las crisis del mundo, las bolsas de aquí y allá, los efectos y defectos del culo del mundo que te obligan a agarrarte el tujes con las dos manos y achicarte lo que más pueda, porque no sos libre de sacar un crédito, no sos libre de tener el trabajo que querés o el salario que merecés, no sos libre de pagar una buena atención médica y estás obligado a recurrir al hospital público, rogando que los empleados se levanten con ganas de atender de buen humor.
Somos esclavos de los vaivenes de los gobiernos de turno que dan marchas y contramarchas por el sólo hecho de ser oposición o gobierno. De las políticas carentes de inclusión, alentando la marginalidad, sin invertir en la educación ni salud.
Somos esclavos de las políticas "parche", donde se hace algo, mal desde el principio, y se van poniendo parches hasta llegar a algo mejor. Un absurdo tras otro.
Somos esclavos en nuestra casa, con delicuentes que, ejerciendo "su" libertad, destruyen vidas, ilusiones y libertades ajenas sin importarles nada, porque son inimputables de responsabilidad, con jueces y policías que son esclavos de las leyes que supieron corromper y de la propia impericia para resolver problemas.
En fin, la libertad, como creo conocerla, no existe.
Todos decidimos sobre todos y nadie es responsable de nada.
El siglo 21 te muestra que la esclavitud se disfraza de otras cosas, pero libre jamás podrás ser.
Quiero ir a trabajar, quiero caminar tranquilo por las calles, quiero educación y salud para mis hijos, pero lo único que conseguí es ser rehén de mi propia libertad.

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