viernes, 24 de octubre de 2008

Ni AFJPs ni Estado, pena de muerte.

Viejos son los trapos!!! Qué hermosa frase, pero para esta república hay un error de sintaxis, ya que el "modificador directo" LOS debería ir delante de la oración...LOS VIEJOS SON TRAPOS.
Durante años, décadas, siglos, llegar a viejo en esta tierra es una condena, un calvario con olor a muerte.
Cuando los aportes iban a las arcas del estado (sean provinciales o nacionales) siempre se utilizaban para tapar agujeros del momento, emparchar los déficits fiscales.
Cuando llegó la salvación cavallistíca de las AFJP, curiosamente, sirvieron para tapar los agujeros de los hambrientos bolsillos de empresarios del mundo financiero con una ambición inescrupulosa que aceptaron cualquier bochorno jurídico por una cuenta en las Islas Caimán.
Cobraron comisiones exorbitantes que se comían la mayoría de los aportes, se patinaban todos los ahorros de los laburantes en la timba de la Bolsa, comprando acciones de empresas fantasmas que fraguaban balances positivos y cuando la economía colapsaba no dudaron en comprar bonos de un estado argentino en default.
Y todo eso con guita que no les pertenecía. Jugaron con el futuro de millones de personas, con los sueños de un final de vida tranquilo. Pensar en una Argentina a 30 años es imposible, pero ellos la vendían como un jardín donde disfrutaríamos con los nietos entre campos llenos de flores y animalitos, cual revista Atalaya (de los Testigos de Jehová).
Es bueno aclarar que todas estas maniobras fraudulentas las hacían con los aportes de los trabajadores, NO CON SUS COMISIONES, ya que las depositaban en las casas matrices de bancos de primera línea internacional o en paraísos fiscales libres de controles impositivos.
Es claro, los viejos son descartables, son minoría, no votan, no tienen poder de protesta, no paran un país, no hacen caer el Dow Jones ni provocan catástrofes financieras.
Están para molestar, para tener que destinar el dinero que teníamos ahorrado para las vacaciones en costosos medicamentos o en tratamientos e intervenciones quirúrgicas con finales inciertos. Sólo escuchamos sus quejas, que los dolores, que los achaques, que la obra social no cubre, que las enfermeras en casa, que esto y aquello.
No se les puede dar una tarea porque se olvidan, no pueden cuidar a los nietos porque se les escapan y no pueden correr. NO PUEDEN HACER NADA más que esperar que llegue, lo más rápido y menos doloroso posible, el final de una sufrida carrera por la supervivencia.
Está bueno que le hayan sacado el negocio a los mercenarios de las AFJPs, pero uno tiene la sensación (casi certeza) que será un cambio de manos, que otros mercenarios se harán cargo de estafar a los viejos (llámense ministros de economía) para que se pasen sus últimos días en la marginalidad absoluta.
Está bueno, pero no alcanza. Falta que la gente (nosotros), que tenemos todavía la fuerza de nuestro cerebro y el cuerpo aún responde, nos hagamos cargo de exigir la recompensa merecida para tantos años de trabajo. Aguantar, trabajar y vivir 35 años activos en Argentina no es lo mismo que en el Primer Mundo.
Merecemos un final feliz aunque el desarrollo haya sido espantoso.
Sino, que el Estado se sincere, que deje de lado las AFJPs. o el SIPA (Estado) y decrete la Pena de Muerte optativa, es decir, cuando las mujeres lleguen a los 60 y los hombres a los 65, puedan optar por una ejecución sumaria o sea una muerte veloz y digna o una sumaria ejecución o sea vivir con una jubilación que te vaya matando poco a poco y lleno de sumarios administrativos rogando un reajuste de haberes.
Pensar que el origen de la palabra Jubilado proviene de júbilo (felicidad, alegría). No será mejor decirles retirados???
Retirado: persona mayor que está en condiciones de morir, está RE-TIRADO.

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