viernes, 19 de septiembre de 2008

Juan Pablo y los ovarios de su mamá

Lunes, hermoso día en la Clínica de la mujer del Sanatorio Diagnóstico, 10:30 hs., peso: 3,500 kgs., rápido y furioso (sobre todo con el "orinado" obstetra). Así "arrancó" Juan Pablo.
Es un momento extraño, como pocos que hay en la vida donde dos sensaciones opuestas se chochan, el dolor y el placer, el sufrimiento y la felicidad.
La mamá y sus ovarios llegaron tranquilos a la sala de carni-cirujano, esa sala donde sólo Víctor Suiero entraba feliz, mientras nosotros nos comíamos los codos. Al pedo! Si yo no ponía un centímetro de mi cuerpo a merced de desconocidos, ni tenía la responsabilidad de dar hasta la vida, de ser necesario, para que tu hijo llegue lo mejor posible al peor lugar posible, el mundo.
Y es así, en ese lugar y en ese momento, el papá es un cero a la izquierda, una molestia, está al PEDO. Me sentí así, un hincha que alienta, critica, da órdenes sentado tranquilo en la platea mientras su equipo da la vida (su vida) por ganar, y encima lo puteo!!!
Puedo decir que esta segunda experiencia de hincha por cesárea me sirvió para confirmar que hay pocas personas que puedan aguantarse tanto sufrimiento y dolor por los demás como una madre. Confirma el dicho de que padre hay muchos y madre una sola.
Gente desconocida, fría camilla de metal cual bandeja de panadería, anestecia parcial, corte, sangre, enfermera, sonda, etc., etc.
La madre que sufre por la cirugía, por los pechos que se resquebrajan al amamantar y contrae el útero, dolor y placer, dolor y placer. Yo hubiese renunciado a todo.
Pero los ovarios de la mamá de Juan Pablo no renuncian. Salud y buena vida.

No hay comentarios: