martes, 9 de septiembre de 2008

3, 2, 1...cuenta regresiva...

Últimos días de triunvirato familiar. Escasos días y noches que se "eternizan" en la espera de una nueva vida. Nueva no sólo por "el juampi" que se viene, sino para nosotros, para nuestras costumbres.
Hace semanas que no dormimos bien o no dormimos, calambres, dolores de preparto, dicen las viejas que el cuerpo se va preparando para los tiempos del "por nacer", sus horarios y necesidades que no tienen el calendario de las costumbres diarias de los mayores (por suerte).
Es curiosa la vida, esa teoría de la "relatividad de las cosas" que nos pasan.
Para la familia será un antes y un después, para los médicos, una cirugía más, a cobrar en tiempo y forma, más el "plus" que nos da a nosotros las garantías de un buen trabajo que debería serlo sin él. Cosas de la macroeconomía.
Nos preguntamos cómo saldrá todo y, aunque nos demos fuerzas y nos mentalicemos con un "todo va a salir bien", el pánico nos destroza los nervios.
Ya pasamos por las convulsiones y enfermedades de Antonella que se potenciaron con la ignorancia nuestra.
Miedos, inseguridades, sueños y pesadillas. No debiera ser así, ya tenemos experiencia en "paternidad", quizás no tan responsable como quisiera, pero hemos aprendido y aprehendido de los horrores cometidos con la "princesa primeriza".
A quien, por cierto, se le van acabando los privilegios. No será la única destinataria de los regalos, la "payasita" de la casa, la mimada de la familia. Y ese dolor va teniendo sus efectos en las "manchas de humedad del colchón", los charcos de pis que no se pueden retener.
Y yo sufro con ella, quizás por sentirme identificado en ser el mayor de los hermanos, o sólo porque el verla padecer (aunque se muerda los labios disimulándolo) me tiene loco.
Me permito mentirle un poco, la hago feliz recordándole que será mi hija preferida. Sé que me abuso de la semántica que sus 4 jóvenes años no puede distinguir. Bueno, será hasta que crezca, mientras tanto será medianamente feliz.
Me veo más viejo, más cansado, física y mentalmente, pero con la satisfacción de "dejar la vida" por una sonrisa de esos pendejos. Ellos no lo entienden (mejor así!!!), como yo no entendía y le reprochaba a mi vieja "su abandono" por tener que dejarnos solos, a mi hermana y a mí, para ir a "limpiarle la mugre a los otros para comer".
Difícil tarea la de ser padre, uno siente que siempre está en la cornisa, en un tire y afloje entre el deber y el disfrute, entre el autoritarismo y la flexibilidad, pero siempre con la seguridad de no sentirnos conformes con lo que hacemos.
Nos sentimos imprescindibles pero tratamos de preparar a los hijos para cuando no estemos, para que se defiendan solos, para que no dependan de nadie y no se arrodillen como lo hacemos nosotros.
Pero no se puede. No podemos garantizarle ningún futuro, por más dinero que tengamos, simplemente, porque la vida es así...IMPREDECIBLE.
Difícil tarea la de ser padre... y es culpa nuestra, porque, como dicen las matronas, los hijos no pidieron venir al mundo!!!
Uyyy, me voy...otra contracción!!! 10, 9, 8, 7...papá???

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