domingo, 31 de agosto de 2008

El por qué de mi adiós a LT9.

Era hora de hacerlo, de tomar la decisión correcta. Fueron largos e interminables dos años y pico, desde aquel enero del 2006 y la única duda era saber cuándo. Hasta cuándo podían soportar que un tipo cualquiera les arruine el “estofado” todas las mañanas de la radio más escuchada del Litoral con sus “cosas delirantes”.

Y tienen razón… cuánto tiempo más podían dejarme hacer lo que quisiera y encima lo disfrute, lo goce y sea feliz.

No es mi casa, no es mi empresa, no son mis negocios, no son mis empleados y ni siquiera son mis patrones, no hay contrato de trabajo ni de prestaciones, mucho menos “de palabra”.

¿Dejaría yo hacer lo que se le venga en gana a un extraño en mi propia casa, que se meta con las personas que tienen los mismos intereses que yo o simplemente quiero?...la respuesta es obvia, no.

Y sabemos que en Santa Fe hay una premisa fundamental en los medios: no se puede hablar, mucho menos mal, de ciertas cosas, a saber: el gobierno de turno y todas sus dependencias (pauta mediante), las empresas importantes (canje mediante), los clubes de fútbol (entradas de favor y camisetas mediante) y la iglesia (moral dudosa mediante).

Y la culpa es mía, si me hubiese especializado en contar cuentos como lo hace el genial Landriscina o me hubiese volcado al estilo Cacho Buenaventura o Negro Álvarez o tuviese la habilidad para imitar voces como el genio de Tarico, sería distinto. Pero la madre naturaleza me salió con otra cosa, buscar la gracia donde hay dolor, “pegarle” al que ostenta el poder y no cuando lo perdió, es decir, preferir “patearle los talones” mientras está parado y no la cabeza cuando está caído. Confieso que quise hacer las cosas de otra manera, pero siempre volví al mismo lugar.

En estas líneas quiero agradecer a los que se jugaron pasando las parodias, chistes y personajes que compuse mientras recibían retos, enojos, amenazas de sanciones y todo el manual de aprietes laborales; empezando por los conductores de la mañana, Adriana Bassi, quien ha aceptado a veces con humor y otras con grandeza mis cargadas a su forma de ser y a Alejandro Colussi, con quien tengo muchísimas más cosas que nos separan de las que nos unen en aspectos morales, políticos, ideológicos y espirituales, pero que ha demostrado, por lo menos en lo que a mis producciones respecta, amplitud de criterio, dejando que diga “lo que yo quiera” sabiendo que en un 99% se contraponían a su pensamiento y/o conveniencia.

Quiero incluir en los mismos agradecimientos a la gente de Productora Generar, operación técnica y producción que han sido los destinatarios de los insultos que iban dirigidos a mí, desde oyentes pasando por políticos, sindicalistas, deportistas y todo aquel que se sintiera “tocado” por mis comentarios.

Hablando de la parte artística debo coincidir con los dirigentes de la emisora, no era nada superlativo, ingenioso, maravillo y todos los “osos” que se les ocurra y que los obligara a “respaldarme”. Tienen demasiadas obligaciones a las que hacerles frente, desde los empleados y sus familias hasta el negocio de la firma.

A las autoridades de LT9, les digo, con total franqueza y sin querer pecar de condescendiente, que, de haber estado en su lugar, hubiese hecho exactamente lo mismo que ustedes, prohibirle terminantemente la entrada a un “loquito” como yo. Pero, claro, hay una insalvable diferencia, nunca hubiera llegado a ocupar vuestro lugar, sencillamente porque no soy más de lo mismo. O sí??? Quién lo sabe, no??? Soy un auténtico “ININ-PUTEABLE”.

Todo pasa y yo no soy la excepción. I SAY GOODBYEEEEEEEE!!!!! JAJAJAJAJAJAJA.

1 comentario:

prueba dijo...

Recuerdo una nota que le hicieron a Izquierdo en el programa de Colussi después del fallecimiento de Bianfa. Desde ese día pienso que el humorista santafesino es el único ser que trae la lápida debajo del brazo cuando nace con la leyenda que dice: hice aquello que más quería y sufrí. En cuanto a vos, Cristian, espero que este blog te permita ser más ácido que en el éter. Aquí solo cuenta tu inteligencia y la capacidad para demostrarla.